Antídoto contra el aburrimiento


Antídoto contra el aburrimiento





Una estudiante a quien quiero mucho me sugirió que en vez de denunciar hiciera sugerencias sobre como combatir el aburrimiento, como resolver el problema.

La verdad es que si pudiera conseguir la respuesta me ganaría por lo menos una candidatura al premio Nóbel de la Paz. Su crítica me hizo pensar seriamente en el asunto. Revisando mis archivos conseguí un artículo de Rick Box en El Maná de los lunes titulados: “La noble profesión de servir.” El señor Box cuenta que hace un año en una encuesta de opinión realizada en los Estados Unidos pidieron a los entrevistados que pusieran en orden de importancia una lista de profesiones que demostraran los mayores niveles de ética y honestidad. Según esta encuesta las cinco profesiones que recibieron mayor puntuación fueron: Enfermería, Farmacia, Veterinaria, Medicina y la Enseñanza.

Estas profesiones pueden parecer muy diversas por un momento pero tienen un denominador común y es que las personas que las ejercen sirven a los demás de una manera mucho mas personal, o tal vez mas obvia, que las personas que trabajan otras profesiones, o por lo menos la opinión pública los percibe así.

El Sr. Box continúa diciendo: “Cuando le demostramos a las personas que nos importan y estamos dispuestos a servirles nuestro valor como persona y como líderes aumenta dramáticamente ante sus ojos. La idea que ellos tienen acerca de nuestra ética y honestidad por la manera como nos comportamos en nuestro trabajo influye en la manera como perciben nuestra profesión.” Una manera de combatir el aburrimiento es precisamente sirviendo a otros, dando de nuestro tiempo, de nuestro talentos, de nuestros recursos pero sobremanera de nosotros mismos. Durante las jornadas que realizó Heart Care Dominicana en la Plaza de La Salud operando unos cuarenta y dos niños y jovencitos que padecían enfermedades congénitas del corazón no escuché ni una sola queja, y mucho menos mención alguna sobre aburrimiento de mis estudiantes.

Esas jornadas fueron una excelente oportunidad para desarrollar y mostrar una faceta diferente de su carácter, en algunos casos desconocida para mí y en otros aún para ellos mismos. Me parecía mentira que fueran los mismos adolescentes que veo a día a día en el colegio. Al entrar al hospital se transformaban en personas adultas, serias, cariñosas, amables, dispuestos a sentarse en el suelo a jugar con los niños que esperaban ser evaluados o que los operaran. Consolando a un padre, una madre, abuelos u otros familiares, interpretando para el personal médico, traduciendo las preguntas en una planilla o llenándolas con la información que suministraban los padres. No descuidaron sus clases, hacían el trabajo después de sus horas de clase y se iban al hospital el día entero cuando no tenían exámenes.

Llevaron alegría, consuelo, ayuda y regalos pero sobre manera compartieron de sí mismos. Los niños y los padres los esperaban. Los conocían por sus nombres. Hicieron nuevas amistades con personas de todas las edades. Muchos se interesaron en carreras que les permitirán disfrutar nuevamente del privilegio de sentirse útiles ayudando a los demás. Su compromiso continúa, no fue una emoción pasajera. Muchos de ellos están esperando las próximas jornadas para volver a participar y ya están preparando “La caminata por la Salud” de este año para recaudar fondos para colaborar con Heart Care en su labor.

El ejemplo que recibieron de dedicación y trabajo del personal médico voluntario que participó en las jornadas fue una lección inolvidable que los anima a continuar adelante. El ejemplo de mis estudiantes proclama el servicio como antídoto al aburrimiento. Ponga su imaginación a funcionar queda mucho por hacer.