LAS LIGAS MAYORES SE EXPANDEN: 1969-198


LAS LIGAS MAYORES SE EXPANDEN: 1969-198





Al finalizar la tormentosa década de los 60, la nación se unió para aplaudir el exitoso descenso en la luna de los astronautas norteamericanos ocurrido en el verano de 1969. Y si las estridentes protestas juveniles siguieron a principios de la nueva década, perdieron vigencia cuando la guerra del Vietnam terminó en 1973. La nación estaba abocada a enfrentar una significativa tormenta política en 1974, cuando el escándalo de Watergate forzó a renunciar al presidente Richard Nixon, pero el fin de esta crisis marcó también el final de una era de turbulencia social. Para ese entonces, una reacción conservadora estaba en ascenso marcada por temas religiosos y el revivir del patriotismo además de persistentes miedos al expansionismo Comunista.

En resumen, los acusiantes problemas económicos quitaron el foco de la atención pública a las protestas sociales para centrarlos en la dura realidad de tener que ganar el pan de cada día. En 1973-1974 la nación sufrió su peor recesión económica desde los años 30. Una terrible compañera de la recesión fue la galopante “paraflación”, una combinación de inflación con aumento en la paralización y desempleo. De hecho, para finales de la década de los 70 se estima que 24 millones de norteamericanos estaban viviendo en o cerca del nivel de pobreza. Para hacer frente a este problema, millones de esposas y madres entraron a formar parte de la fuerza laboral. Como consecuencia, el índice de nacimientos del país declinó agudamente durante los años 1973-1979. Sin embargo, debido a la caída en el índice de mortandad, la población continuó creciendo; de 204 millones existentes en 1970, alcanzó los 226 millones para 1980.

La tendencia hacía familias de dobles ingreso en esta era se tradujo en un aumento en la renta (aunque, dólares inflados) para la mayoría de los norteamericanos. Ni fue suficiente la subida de precio de los artículos de consumo para amilanar el fervor del pueblo por el placer y las actividades recreativas. Para el fin de la década el gasto anual en recreación alcanzó los 40 billones. Debido a que ver deportes por televisión continuó siendo una de las actividades recreativas favoritas, la popularidad de lo grandes deportes en equipos como el béisbol aumento. Para los propietarios de clubes de ligas mayores de esta época, esto se tradujo en mayores beneficios frutos de los contratos televisivos y un público cada vez más numeroso cruzando los pacímetros de los estadios.
Curt FloodCurt Flood

Felizmente para los intereses del béisbol de grandes ligas, esta prosperidad galopante siguió al último movimiento de expansión de la liga. En 1968 los propietarios de equipos votaron a favor de añadir 2 equipos a cada liga, incrementando de esta manera el número de equipos de la liga en 1969 a 24. Bajo el nuevo formato, que imitaba un exitoso experimento anterior del fútbol profesional, cada liga fue reorganizada con 6 equipos en una división Este y 6 en una división Oeste. El calendario tradicional de 162 partidos por temporada se mantuvo, cada equipo habría de jugar 16 partidos contra sus oponentes intra-divisionales y 12 partidos contra oponentes externos. Al final de la temporada, el nuevo formato exigía que los dos ganadores divisionales de cada liga se enfrentaran en una serie al mejor de 5 para determinar al campeón de la liga. Luego los campeones de cada liga se enfrentarían en la Serie Mundial para determinar el verdadero y único campeón.

Los promotores de este nuevo y revolucionario formato, lo alababan por el exitoso precedente en el fútbol profesional y sus ventajas competitiva sobre el recién desaparecido sistema de 10 equipos. Sus defensores también contaban con el atractivo de las carreras y luchas divisionales durante cada temporada para mantener el interés del público; después de todo, tales competencias habrían de aportar cuatro ganadores cada temporada en vez de dos. Y con más razón pues cada ganador de división tenía derecho a usar un pennant aún si perdía subsecuentemente en las eliminatorias de la liga. Finalmente, con 6 equipos compitiendo en cada división, el peor lugar en que podía quedar un equipo al fin de temporada era en sexto. Era lógica, pura y simple, y definitivamente funcionó.

Los resultados demostraron rápidamente la sabiduría de tal lógica. Por su parte, los fanáticos del béisbol aclamaron al nuevo formato tan pronto se acostumbraron sus nuevos equipos con su extraña nomenclatura, incluyendo la presencia de un equipo Canadiense, los Expos de Montreal, en los anales de las grandes ligas. En la LN, los Expos se unieron a la División Este junto a los Cardenales, Cachorros, Mets, Phillies, y Piratas; en la División Oeste de la LN, los Padres de San Diego se agruparon con los Astros, Bravos, Dodgers, Gigantes, y Rojos. Por su parte, la LA asignó sus 2 nuevos equipos a la División Oeste. Los recién llegados Reales de Kansas City y Pilotos de Seattle competirían con los Angelinos, Atléticos, Mellizos, Medias Blancas. Sin embargo, esto dio lugar a una División Este históricamente mucho más fuerte donde los bien establecidos Indios, Orioles, Medias Rojas, Senadores, Tigres, y Yankees se encontraban ahora.

Para obtener el privilegio de adquirir una nueva franquicia, cada propietario recién admitido a la LN debía pagar $10 millones y cada propietario recién admitido en la LA debía pagar $5.6 millones; los propietarios establecidos se repartían estas tarifas de entradas como verdaderos golpes de fortuna. Para asignar los jugadores a los nuevos equipos, se realizó otra redistribución debido a la expansión en cada liga. El último “draf” permitió a los nuevos propietarios comprar las sobras no reclamadas de los roster de los equipos ya establecidos. Y al igual que el primer sorteo de expansión, este último colocó a los nuevos equipos en desventaja competitiva.

En la LN los Expos y padres languidecieron por largo tiempo en los sótanos de sus respectivas divisiones, y ninguno de los recién llegados ganó un pennant divisional en esta época. Pero no sucedió lo mismo con los recién llegados Reales de Kansas City en la LA. En su primera campaña los Reales terminaron en cuarto, y durante los años 1975-1980 los Reales ganaron 4 carreras divisionales y un campeonato de su liga. Sin embargo, la nueva franquicia de la LA , los Pilotos de Seattle resultaron ser un desastre financiero. Después de terminar en el sótano de la LA Oeste en 1969, el club en bancarrota fue vendido a intereses de Milwaukee

Allí a los Cerveceros les fue bien, pero esta mudanza dejo en manos de la LA la papa caliente de un pleito legal pendiente con la LN. Debido a que anteriormente permitieron a los Bravos irse de Milwaukee la LN enfrentaba una amenazante demanda (El Estado de Wisconsin contra los Bravos de Milwaukee), que fue anulado por la decisión de la LA de mudar a los Pilotos. Pero al dejar Seattle, la LA fue rápidamente demandada por defensores de Seattle, una amenaza que fue apagada por la mediante la admisión de un nuevo equipo para Seattle, los Marineros en 1977.

Ese año esta movida expansiva unilateral de la LA añadió 2 nuevos equipos, subiendo la membresía de la liga a 14 clubes mientras que la de la LN permanecía igual. En adición a los recién admitidos Marineros, que se integraron a la División Oeste, la LA añadió a los Azulejos de Toronto a su División Este. Esta intempestiva decisión trajo como resultado un formato no equilibrado en las grandes ligas que existe hasta el día de hoy; y más extraño aún, desde 1977 los equipos de la LA han jugado un calendario distorsionado de 162 juegos.
Lou BrockLou Brock

Sin embargo, esta truculenta miní-expansión sumada a otra osada medida ayudaron a la LA a establecer el equilibrio con sus rivales de la LN en esta era. De hecho, se necesitaban medidas drásticas para recuperarse del déficit de fanáticos en la LA, el cual entre los años 1970-1976, fue inferior en 24 millones de admitidos al de la LN. En un anterior esfuerzo por restablecer la igualdad, los propietarios de clubes de la LA en 1972 permitieron a los moribundos Senadores de Washington moverse a Arlington, Texas, donde pasaron a la División Oeste de la liga jugando con el nombre de Rancheros de Texas. Y para compensar esta movida, los Cerveceros de Milwaukee fueron relocalizados a la División Este.

Pero la más controversial de todas las medidas pro-igualdad fue la decisión unilateral de la liga en 1973 de adoptar la regla del bateador designado. Un experimento iniciado exitosamente en la menores, la regla permitía a un bateador designado ocupar el turno del lanzador en la alineación del equipo. Ahí que admitir que la regla del bateador designado ayudó a remediar el problema crónico de la LA que siempre fue su pobre bateo. Solamente el año anterior, el bateo promedio de toda la liga fue de un anémico .239. En 1973, cuando los equipo de la LA jugaron con bateadores designados, el promedio al bate en la temporada subió a .259. Desde ese entonces los promedios al bate de la LA siempre han sido superiores a los promedios de la LN para una campaña. Pero la LN se resistió tercamente a dicha innovación, y durante los años 1973-1975 el uso de bateadores designados en la Serie Mundial solo se permitió en años alternos, por limite impuesto por los propietarios de la LN.

Mientras tanto, la búsqueda de la igualdad por parte de la LA recibió el impulso de una explosión de nuevos parques de pelota.

A principio de esta era la LN abrió cinco nuevos parques. Aunque tarde, la LA les siguió el camino, con cuatro parques nuevos y una significativa remodelación del Yankee Stadium realizada durante los años 1972-1977. Una nueva característica de algunos de los parques nuevos, que afectaba la defensa y el bateo, fue el uso de grama artificial. Actualmente, diez parque de ligas mayores están equipados con superficie de juego artificial. En la LN, donde los Astros de Houston fueron pioneros en usar superficie artificial en 1965, los Phillies, Piratas, Cardenales, Expos, y Rojos tienen actualmente superficie artificial. En la LA, los Marineros, Reales, Mellizos, y Azulejos juegan actualmente en sus estadios con grama sintética.

Junto a los nuevos parques, otras innovaciones tales como regalos promocionales y la expansión de la venta de concesiones, además de entretenimientos dentro del parque contribuyeron a elevar la asistencia a los juegos de grandes ligas en esta era. Después de mantener una asistencia anual de 30 millones durante los años 1973-1975, la admisión anual a los juegos de ligas mayores escaló a 43 millones en 1980. Pero si la ascendente asistencia estimulaba el aumento de los ingresos, otro tanto lo hacía la televisión. Para 1980 los ingresos procedentes de la televisión local y nacional eran responsables del 30% de los $500 millones que ingresaron al béisbol durante ese año. De hecho, durante toda esta década los ingresos del béisbol procedentes de las cadenas televisivas nacionales (compartida por todos los clubes, aumentaron continuamente). De $17.5 millones 1971, los contratos produjeron $27.5 millones en 1980. En 1980 esto se tradujo en un ingreso anual inesperado de $1.8 millones para cada equipo. Y considerando que dichos contratos solo cubrían los juegos de Series Mundiales, los campeonatos de ligas, el Juego de Estrellas una vez al año, y algunos partidos selectos durante la semana o los fines de semanas, tales números eran impresionantes.
Rod CarewRod Carew

De hecho, los propietarios de equipos hubieran podido sacar mucho más dinero a las cadenas de TV si no se hubieran ceñido a la política de permitir a los clubes contratar individualmente con estaciones de TV locales. En 1975 la TV local ingresó un total de $31 millones, y para 1980 esta cantidad se había casi duplicado. Sin embargo, los ingresos por TV local estaban distribuidos desigualmente, lo cual tendía a favorecer a muchos clubes con respecto a otros. Esto permitía que los clubes localizados en mercados de televisión local más lucrativos recibieran la tajada del león de esta fuente de ingreso. Sin embargo, para finales de esta era los mercados de TV local representaban el segmento de mayor crecimiento en la industria de la televisión.

Tampoco los ingresos fruto de la de la televisión se vieron libres de crítica. En esta era algunos críticos acusaron a los propietarios de equipos de sucumbir ante los intereses propios de la televisión cuando permitieron la transmisión nocturna de los juegos de Series Mundiales. Pero la popularidad de tales juegos fue demostraba cuando se estimó que 75 millones de fanático presenciaron por TV el dramático séptimo juego de la Serie Mundial en 1975. Pero si esta demostración de la popularidad del juego silenció a algunos críticos, otros detractaron acremente el impacto de la televisión en otras áreas del juego. Dichas críticas culparon a la TV de transformar a los jugadores de pelota en celebridades con alto salarios y super mimadas.

Es cierto que los salarios de los jugadores durante esta década encumbraron a niveles ni siquiera soñados por generaciones anteriores de jugadores. Aún tomando en cuenta el fantasma de la inflación, la tendencia al ascenso en espiral de los salarios era sorprendente. A principio de esta era, tanto un salario de $US 100,000.00 como 1 millón de dólares como nómina total de un equipo eran números excepcionales. En 1971 los salarios de los jugadores promediaban $US34, 000.00, pero a partir de ahí el promedio subió a $US52, 000.00 en 1976, a $US90, 000.00 en 1978, a $US100, 000.00 en 1979, y a la asombrosa suma de $US185, 000.00 en 1980. Para 1980, de hecho las nóminas de $10 millones eran frecuentes y era defendidas por el director de la Asociación de Jugadores Marvin Miller, quien resaltó que los salarios equivalían al menos del 20% de los ingresos.

Para decir la verdad, la mayor parte del crédito por enriquecer a los jugadores de esta era lo merece Miller. Amenazando con llevar a sus jugadores sindicalizados a una huelga en 1969, Miller logró negociar un segundo Acuerdo Básico, que elevó el salario mínimo, aumentó el fondo de pensiones, y ganó el derecho a que los jugadores utilizaran agentes para negociar sus salarios con los propietarios. Luego al terminar este contrato las negociaciones para un nuevo Acuerdo Básico se estancaron en 1972, la Asociación de Jugadores inició una huelga que recortó el calendario de juegos esa temporada forzando la cancelación de juegos. Como resultado de esa huelga Miller negoció un tercer Acuerdo Básico, que obtuvo para los jugadores el derecho al arbitraje en sus disputas salariales. En retrospectiva fue esta importante concesión el ingrediente principal de la tendencia de los salarios a subir en espiral.

En 1975 los jugadores se anotaron otra victoria, cuando el caso Messersmith-McNally fue decidido en su favor. Ese año el lanzador Dodgers Andy Messersmith se rehusó a firmar su contrato de 1975 y después de jugar la temporada bajo su contrato anterior, reclamó su derecho a la agencia libre bajo el procedimiento en vigencia. La reclamación de Messersmith (junto con la del lanzador Dave McNally, quien escogió retirarse después de la temporada de 1975) fue asignada a un panel de arbitraje compuesto por 3 miembros quienes aprobaron la reclamación de los jugadores votando 2-1. El árbitro profesional Peter Sitz junto a Miller apoyaron el reclamo de Messersmith en contra del voto negativo dispuesto por el representante de los propietarios John Gaherin. De hecho, las implicaciones de esta decisión de Seitz tendrían un profundo alcance. Esta decisión efectivamente descalificó la cláusula de reserva, de larga vigencia la cual había sido puesta a prueba por el jugador Curt Flood (Flood contra Kuhn) ante la Corte Suprema de los Estados Unidos.

En aquel tiempo, 1972, la corte rechazó la demanda de Flood votando 5-3, pero la decisión de la corte sugería que los jugadores podrían cambiar la cláusula de reserva mediante la negociación de contratos colectivos por medio de nueva legislación. La decisión Messersmith fue el resultado de negociaciones colectivas. Y al fracasar los propietarios en su intento de revertir la decisión de Seitz mediante una apelación legal, iniciaron un tranque durante los entrenamientos de primavera de 1976, basándose en que el último Acuerdo Básico había expirado sin que hubiera otro contrato laboral en vigencia. Sin embargo un compromiso acordado por los jugadores y propietarios permitió que la temporada de 1976 arrancara a tiempo. Y durante el siguiente verano, las negociaciones produjeron un cuarto Acuerdo Básico, que concedió el derecho a la agencia libre a los veteranos de seis años. El último Acuerdo estableció un procedimiento actual de reingreso que permitía a los jugadores calificados ofrecer sus servicios libremente. Como compensación por la perdida de un jugador veterano en uno de estos draft de reingreso, el propietario recibía una opción extra en el draft anual de novatos. Durante los años 1976-1980 los propietarios terminaron ofertando altos precios por los servicios de los veteranos agentes libres. Y en cambio las ganancias que se anotaron los jugadores en estos reclutamientos anuales ayudaron a elevar los salarios que recibían los jugadores que optaban por el procedimiento de arbitraje salarial.
Reggie JacksonReggie Jackson

La combinación de draft de reingreso y arbitraje salarial dieron como resultado el ascenso astronómico de los salarios produciendo nueva casta de jugadores plutócratas. En el primer draft de reingreso de 1976, el jardinero Reggie Jackson recibió un contrato por cinco años y $2.93 millones de parte del propietario de los Yankees George Steinbrenner. En 1979 los Astros de Houston ficharon al lanzador Nolan Ryan de la agencia libre otorgando al lanzador un contrato anual de $1 millón. Ese mismo año el jardinero Dave Parker le arrancó un contrato por 5 años valorado en $900,000.00 al año a los propietarios de Pittsburgh evitando así perderlo frente a la agencia libre.

Por tanto no fue sorprendente que al finalizar el cuarto Acuerdo Básico en 1980, los propietarios decidieron detener le espiral salarial. Entre sus demandas, los propietarios aspiraban a recibir un jugador veterano como compensación ante la perdida de jugadores perdidos vía la agencia libre. Y cuando las negociaciones se rompieron, la amenaza latente de otra huelga de jugadores oscureció la temporada de 1980. Pero justo a tiempo se logró un compromiso entre los grupos enfrentados posponiendo la debacle de la temporada.

Mientras tanto, los plutocráticos jugadores acumularon montañas de fortuna y gloria. Como celebridades de la TV los jugadores de esta época eran considerados clase aparte con relación a los de las generaciones pasadas. Con más glamour debido a su exposición en televisión, muchos más ricos, y más mimados, algunos jugadores cedieron ante las drogas ilegales hasta el punto de autodestruirse. En esta época el creciente problema de abuso de droga en el béisbol reflejaba una epidemia nacional que fue uno de los peores legados de aquélla década nostálgica, los sesenta irreverentes.

Loca herencia de aquella violenta era fue la aparición de muchos jugadores melenudos. Además de vestir uniformes extrañamente llamativos, muchos jugadores lucían además cabello largo, bigotes, y barbas a la usanza de los jugadores del siglo 19. En principio en símbolo de protesta social durante los 60, esta melenuda apariencia era ahora la moda favorita de los varones americanos. Aunque algunos clubes se opusieron a la tendencia, el propietario de Oakland Charles Finley la fomentó pagando a sus jugadores $300 por cabeza para que se dejaran crecer el bello facial. Una vez establecida, la moda se extendió ampliamente entre los jugadores y continua hasta el día de hoy. Pero si nos olvidamos de la apariencia, esta casta de jugadores era mejor cuidada, mejor entrenada y con mejores atenciones medicas, y defendida con más empeño que cualquiera de sus predecesores. De hecho, los managers con menores salarios tenían ahora gran presión para disciplinar a sus pupilos.

Continuando la tendencia de las últimas dos décadas, los jugadores negros e hispanos predominaban entre los más espléndidos y productivos estos años. En 1974 el número de jugadores negros en ligas mayores llegó a un máximo de 26%, pero la cantidad se estableció en 20% para 1979. Para ese entonces, los jugadores hispanos comprendían el 10% de los jugadores de grandes ligas. Igual que antes, los negros e hispanos continuaban encabezando a las mayores en bases robadas, con el super estelar Lou Brock de los Cardenales imponiendo una nueva marca para una temporada con 118 robos en ruta a hacer añicos el total de bases robadas de por vida de 892 correspondiente a Ty Cobb. En 1974, Hank Aaron rompió la marca de por vida de cuadrangulares de Ruth y prosiguió para establecer una nueva marca de por vida con 755 aldabonazos. Sin embargo, Aaron necesitó 3,965 turnos adicionales al bate para pasar el récord de Babe. El caso es que los jugadores de la década del 70 eran más difíciles de reemplazar. En esta época el número total de jugadores de ligas menores que competían por puestos en las grandes ligas promediaba al rededor de 3,000 por temporada. Y cuando Willie Mays se retiró en 1973, su total de 660 cuadrangulares de por vida ocupó el tercer lugar en la lista de cuadrangulares de todos los tiempos; detrás de Mays en la cuarta posición se encontraba Frank Robinson, quien se retiró con 586. Y en esta década, Aaron, Al Kaline, Mays, Brock, y Roberto Clemente se unieron al club de los 3,000 hits, a la vez que Rod Carew se adueñaba de 7 títulos de bateo en LA, incluyendo 4 en línea durante los años 1972-1975. Y aún hay más, durante estos años 12 jugadores negros o hispanos ganaron premios de MVP, y los lanzadores Bob Gibson y Juan Marichal trillaron el camino desde el montículo hasta el Salón de la Fama del béisbol. Finalmente, es propio decir que el jugador de mayor celebridad de esta época lo fue Reggie Jackson, un toletero defensor del jardín de descendencia mezclada negra e hispana. Ampliamente aclamado por sus kilométricos cuadrangulares, los 7 honrones de Jackson en dos Series Mundiales con los Yankees le ganaron el mote de “Mr. Octubre” y un caramelo de no muy larga vida recibió el nombre de “Reggie” con dedicación al él.
Al KalineAl Kaline

Aunque eran reconocidos y premiados con justicia por sus proezas en el terreno de juego, los jugadores de color todavía se enfrentaban a algunos remanentes de discriminación. Estudios realizados en esta época demostraron que los jugadores negros tenían que ser mejor que el promedio para lograr su ingreso a las mayores. Por tanto había poco jugadores marginales negros en los roster de los equipos; peor aún, los equipos tenían miedo de enviar demasiados jugadores negros al terreno temiendo que esto afectara la asistencia. Y los jugadores negros que se retiraban, rara vez encontraban empleo en el béisbol como pilotos o en posiciones administrativas de importancia. Sin embargo, Frank Robinson se convirtió en el primer manager negro en ser contratado (y despedido), contratado por los Indios de Cleveland en 1975, despedido en 1977, además dos o tres árbitros negros hicieron su debut en esta era.

Al final de esta era, la revista The Sporting News escogió al versátil jugador blanco Pete Rose como ganador de su premio jugador de la década. Fue bien merecido. En esta era, Rose ganó un par de títulos de bateo de la LN encabezando la liga en hits en cuatro ocasiones. En 1978 el jugador del cuadro de Cincinnati, quien era llamado “Charlie Hustlen”, empató el récord de batear en terreno de nadie consecutivamente en la LN haciéndolo en 44 juegos seguidos. Ese mismo año Rose se unió al club de los 3,000 hits y continuó su carrera sin descanso hasta pasar a Ty Cobb y su récord de por vida de 4,191 hits.

Otros relevistas cortos muy aclamados incluyeron a Rolie Fingers de los Atléticos, quien ganó tres premios de Apaga-Fuegos del año, rumbo a salvar 244 juegos. Goose Gossage y su bola de fuego encabezó en tres ocasiones la lista de salvados de la LA, y en 1978 abanicó a 122 bateadores desempeñándose como apaga fuegos de los Yankees. Sparky Lyle, quien vistió la casaca de cuatro clubes en esta era, salvó 230 juegos. Y más tarde en esta misma era, Bruce Sutter salvó 133 en 5 campañas con los Cachorros.

Los lanzadores estaban penalizados ahora por una zona de strike más pequeña y montículos de lanzar más bajo, tales proezas eran necesarias para hacer frente a un bateo resurgente. Ofensivamente los equipos se daban gusto utilizando la táctica del big-bang. Para este tiempo los equipos de la LA habían ganado nuevamente su ventaja ofensiva produciendo más cuadrangulares que sus rivales de la LN en once de las doce temporadas. Por supuesto, la mini-expansión de la LA en 1977 hacía de esta una conclusión a destiempo. En el primer año de dicha expansión, los toleteros de la LA dispararon una cantidad récord de 2,013 vuelacercas. Para ese entonces, los bateadores de ambas ligas le estaban haciendo swing a bolas cubiertas de piel de res en vez del tradicional esférico cubierto de piel de caballo. Pero esta innovación necesaria no fue suficiente para producir la inmensa ofensiva pronosticada por los expertos alarmados.

Con la excepción de la adopción unilateral por parte de la LA de la regla del bateador designado, no hubo cambios significativos durante estos años; la mayor parte de los cambios en las reglas durante esta época fueron relativos a las compilaciones estadísticas. Y para esta época la política de las grandes ligas de subsidiar a las ligas menores estaba funcionando. Cada equipo dedicaba por lo menos$1.5 millones al año para financiar hasta 5 equipos de ligas menores, para 1977 se habían estabilizado con 17 circuitos y 121 equipos.

Internamente las mayores estaban poderosamente afectadas por el cambio en el balance de poder hacía los jugadores y árbitros. La poderosa Asociación de Jugadores alteró el balance de poder, al igual que la Asociación de Arbitros de ligas mayores. De hecho, los árbitros habían soportado por largo tiempo bajos salarios y poca seguridad en el empleo. Pero los árbitros de la década de 1970 distaban mucho de los del sistema de un solo árbitro utilizado en el siglo 19. No fue hasta 1911 que ambas ligas mayores adoptaron del sistema de doble árbitro para todos los juegos, y fue en 1930 cuando por primera vez se vio a las ligas utilizar un equipo de tres hombres para trabajar en los juegos de temporada regular. Para el periodo 1969-1980, cuatro hombres tenían la responsabilidad de arbitrar los juegos de temporada regular mientras que seis lo hacían en los juegos de postemporada.

Mientras tanto, la Asociación de Arbitros de Grandes Ligas (MLUA) por sus siglas en ingles, se había convertido en una poderosa agencia negociadora. Después de ganar el derecho a la negociación de contratos colectivos en 1970, la MLUA realizó una exitosa huelga en 1979, un abandono de sus posiciones que duró hasta mediados de mayo. Al final de la huelga, los árbitros tenían motivo para celebrar en grande. Entre las concesiones que arrancaron a los propietarios se encontraba un salario máximo de $50,000.00 para los veteranos con 20 años de ejercicio, aumentos significativos en sus gastos de representación, salvaguardas contra despidos arbitrarios, garantía de pago durante 45 días en caso de huelga de jugadores, y sorprendentemente, vacaciones pagadas por 2 semanas. Cuanto hubiera agradecido esta concesión el difunto Bill Klem quien a principios de este siglo trabajó durante cada juego detrás del plato durante 16 temporadas. La cosa no se quedó ahí, el árbitro Ron Luciano adquirió cierta celebridad y junto a otros produjo varios libros.

Para luchar contra estos bloques de poder, los propietarios nombraron sus poderosos comités y contrataron negociadores. Mientras tanto, el Comisionado Bowie Kuhn, continuaba ocupando lo que hoy no era más que un puesto ceremonial, para responder solamente a los deseos de los propietarios. En 1979 la muerte de Walter O´Malley se llevó a un verdadero general del regimiento de los propietarios. Al morir, O´Malley dejó como legado una franquicia altamente exitosa; en 1977 los Dodgers se cotizaban en $50 millones, el doble del valor de la mayoría de las franquicias. En los albores de la década de 1980, los propietarios se enfrentaban al reto de encontrar un líder semejante a O´Malley y nuevas tácticas para revertir a su favor el balance de poder.