LA ERA DE LA EXPANSIÓN: 1961-1968


LA ERA DE LA EXPANSIÓN: 1961-1968





En esta turbulenta década de la historia norteamericana, la iconoclasta expansión del béisbol de grandes ligas fue uno de los más leves trastornos sociales. Una época de intranquilidad social masiva, los estridentes sesentas hicieron temblar los cimientos del status quo bajo el impulso de revolucionarias reformas. Encendiendo la chispa de la intranquilidad se encontraban los asesinatos de los hermanos Kennedy y de Martin Luther King, el gran líder de los derechos civiles. De la mano de estas tragedias, sobrevinieron oleadas de manifestaciones de protesta reclamando el aumento de las libertades individuales y de los derechos de las minorías. Pero a medida que la década llegaba a su fin, el foco de las protestas se centró en el involucramiento del país en la guerra de Vietnam.

Esta última batalla de los norteamericanos contra la expansión del comunismo internacional, comenzó a mediados de los 60 y se mantuvo hasta 1973. Una guerra impopular, la de Vietnam se llevó la vida de más de 50,000 norteamericanos, dividió a la nación en facciones en torno a la moralidad de la guerra y terminó como una derrota política y militar. Incluso algunas protestas violentas contra la guerra se volcaron hacia otras instituciones sociales. Fue así como las manifestaciones y movimientos de protestas de los afroamericanos dirigidas a asegurar sus derechos civiles y su mejoría económica, se desbordaban en ocasiones, produciendo motines urbanos. Las mujeres, así como otras minorías descontentas, se organizaron en movimientos de protesta demandando igualdad política y económica. En ese entonces la difundida “concientización” apuntaba hacia muchos norteamericanos que apoyaban slogans tales como “Libertad Ahora” y afectó las relaciones sociales, la forma de hablar, de vestir, y hasta de peinarse. Para el final de la década entre estos individuos se encontraban algunos jugadores de grandes ligas, quienes buscaban liberarse de los viejos controles paternalistas impuestos por las leyes y costumbres del béisbol.

Mientras tanto, otras fuerzas de cambio estaban reformando el país y su juego nacional. En esa década la población del país sobrepasó los 200 millones y casi la mitad se concentraba en alrededor de trece bien distribuidas regiones urbanas. Por lo tanto, aunque los propietarios de grandes ligas se embarcaron en 1960-1961 en un proyecto de expansión inicial, estas cifras demográficas pronosticaban una la futura expansión de ambas ligas, con la posible reubicación de equipos que en ese momento estaban en áreas urbanas en proceso de deterioro.

A pesar de los tormentosos tiempos y los movimientos de protestas, la economía de la nación continuó prosperando. Aunque era mermado por la creciente inflación, el salario promedio de todos los trabajadores aumentó a una cifra anual de $8,000.00 a finales de la década. Como resultado de estos, los gastos en diversión se elevaron a $18 billones, con la recepción televisiva reinando como el pasatiempo más popular.

La creciente popularidad de los programas deportivos televisados, ahora presentados a color con efectos visuales cada vez mejores, fue una panacea para los deportes profesionales. Mientras el béisbol se beneficiaba de este popular medio, también lo hicieron una docena de deportes rivales. Entre estos el Fútbol se extendió rápidamente bajo el impacto de jugosos contratos televisivos, cuyos beneficios eran repartidos equitativamente entre los propietarios. Al ocupar la mayoría de las principales regiones urbanas, el fútbol profesional amenazaba la posición privilegiada del béisbol entre los deportes favoritos de la nación. De hecho en 1967 el Super Bowl sobrepasó a la Serie Mundial en audiencia televisiva.

En franco contraste con el ambicioso plan expansionista del fútbol profesional, el movimiento de expansión en las ligas mayores se encontraba muy limitado.

La expansión inicial del béisbol se llevó a cabo en los años 1961-1962 y fue en esencia un intento de contrarrestar la amenaza de la rival Liga Continental. Bajo el esquema de la expansión, cada liga mayor se adicionaba dos equipos y aumentaba su calendario de juegos a 162. Un dato significativo, la adición de 8 juegos al calendario afectaría las comparaciones estadísticas de desempeño en una temporada. Además, las nuevas franquicias pagaron 2 millones cada una, lo cual se dividió entre los 8 clubes establecidos en cada liga y también se realizó un sorteo de expansión el cual sirvió a los nuevos propietarios para llenar sus equipos con jugadores. Pero debido a que a los equipos establecidos se les permitió retener a sus 25 mejores jugadores del grupo de elegibles, los nuevos propietarios se vieron obligados a adquirir jugadores sobrantes.

Bajo estas condiciones, la LA se lanzó a su primer intento expansionista en 1961. Ese año la LA aceptó a los Angelinos de California y a una nueva edición de los Senadores de Washington. A pedido del propietario Cal Griffith, los Senadores originales se reubicaron en Bloomington, Minnesota, donde se convertirían en los Mellizos. El fervor producido por esta partida, obligó a la LA a admitir a los nuevos Senadores de Washington. Esta fue una medida poco sabia ya que la franquicia fracasó debido a mala gerencia y poca asistencia. En 1972 los Senadores se mudaron a Arlington, Texas, donde prosperaron como los Rangers de Texas. Los Angelinos de la Americana tampoco pudieron salir adelante en los Angeles, donde era opacados por los Dodgers de O´Malley. Sin embargo, con un sólido apoyo financiero; el equipo encontró prosperidad cuando se mudó a la cercana ciudad de Anaheim en 1965.

Pete RosePete Rose

Por otra parte, a la LN le fue mucho mejor con su expansión de 1962. Ese año la LN se expandió a Houston, en donde los Colt 45 asentaron su sede temporal mientras esperaban la construcción de su nuevo parque bajo techo, el Astrodome Stadium. Cuando el Astrodome se inauguró en 1965, el equipo de expansión tomó una nueva identidad bajo los Astros de Houston. Mientras tanto, como parte de un acuerdo se permitió a la LA tomar parte del territorio de los Angeles, la LN reocupó el área de New York al admitir a los Mets. Aunque los Mets perdieron 120 partidos en su primera temporada, el equipo fue apoyado generosamente por sus sufridos fanáticos, quienes se regocijaban de volver a tener el béisbol de la LN en el área Gótica. Luego de jugar sus primeras dos temporadas en el Polo Grounds, los Mets se mudaron al recién construido Shea Stadium, ubicado en Queens.

De esta manera, las grandes ligas habían pasado la primera fase de su expansión. Pero cada temporada que pasaba dejaba al descubierto la inconveniencia del formato con 10 equipos. Al igual que el antiguo formato con 12 equipos de 1890, la formación de 10 equipos en la LN en 1960, producía muchos equipos perdedores. La asistencia anual era insuficiente. Para 1968, la asistencia global superó a la de 1960 por apenas 3 millones. A los problemas de esta fase de expansión se agregaron dos controversiales cambios de franquicia. En 1966 los Bravos de Milwaukee de la LN, abandonaron esa ciudad por Atlanta y en 1968 los Atléticos de la LA dejaron Kansas City para irse a Oakland, California, donde se disputaron el terreno con los Gigantes de la LN. Cada una de estas partidas levantó protestas por parte de los fanáticos de las ciudades abandonadas, lo que dio lugar a demandas judiciales que afectaron expansiones futuras.

Mientras tanto, los equipos de grandes ligas continuaban sufriendo una creciente escasez de jugadores de talento. En la mayoría de escuelas y universidades, donde el béisbol era entonces un deporte inferior, los escuchas se quejaban de que los deportes organizados como el fútbol y el baloncesto, se estaban llevando a los mejores atletas. Con la alarmante decadencia de las ligas menores, los propietarios de clubes de grandes ligas adoptaron en 1962 el Plan de Desarrollo de Jugadores. Bajo este esquema, las ligas menores fueron reclasificadas y cada equipo de ligas mayores acordó subsidiar por lo menos 5 equipos de liga menor. Para distribuir equitativamente los limitados aportes de prospectos jóvenes, en 1965 las mayores adoptaron el plan radical del sorteo anual de agentes libres (novatos). Bajo este acuerdo, cada equipo de grandes ligas escogía a partir de un conjunto de jugadores de las escuelas y universidades de todo el país. A excepción del reclutamiento en otros países, el sorteo anual de novatos terminó la larga y pintoresca era de reclutamiento independiente en Norteamérica.

Junto a la prevaleciente actitud nacional de liberación para los grupos oprimidos, la carencia crónica de jugadores, ayudó a encender sentimientos reformadores en esa generación de jugadores de grandes ligas. Estos jóvenes habían sido mejor atendidos, entrenados y minados que las pasadas generaciones de jugadores y ahora demandaban mejores salarios, condiciones de trabajo y pensiones. En esos años, el desdén de los jugadores hacia la autoridad tradicional era endémico y fue cándidamente expuesto en ilustrativos libros, incluyendo bestsellers de la autoría de los lanzadores Jim Brosnan y Jim Bouton. Fue así como, en una astuta movida en 1966, los lanzadores de los Dodgers, Sandy Koufax y Don Drysdale, actuando por consejo de su abogado, interpusieron una exitosa demanda conjunta por jugosos aumentos salariales. Ese mismo año los representantes de los jugadores revivieron la moribunda Asociación de Grandes Ligas, motivando exitosamente la elección de Marvin Miller, un veterano negociador laboral, como Director Ejecutivo de la Asociación. La elección de Miller fue un golpe maestro para la causa de los jugadores. Al promover la unión de los jugadores e invocar leyes federales de relación laboral, Miller obligó a los propietarios a reconocer la asociación y a negociar colectivamente con ellos. Durante sus 17 años como Director Ejecutivo, Miller negoció 5 Acuerdos Básicos (contratos laborales) en los cuales los propietarios tuvieron que hacer concesiones y beneficio sin precedentes.

Los Acuerdos Básicos de 1966 y 1969 aumentaron los beneficios por pensión y elevaron los salarios mínimos entre otras conquistas. Por lo tanto, para 1960 el salario promedio de los jugadores, que llegaba hasta $17,000.00 en 1965, se elevó a $25,000.00. Al mismo tiempo, alrededor de 20 jugadores ganaban salarios anuales de $100,000.00 por año. Pero la gran conquista de Miller en esa década fue ganar el apoyo total de los jugadores de grandes ligas al frente de la Asociación de Jugadores. Para esa década los árbitros de grandes ligas también habían conseguido reconocimiento y beligerancia al amparo de la recién creada Asociación de Arbitros de Grandes Ligas.

Entre los merecidos beneficiarios del aumento en los salarios había un número creciente de jugadores de color que vestían el uniforme de grandes ligas. Para finales de los sesenta, más de un centenar de norteamericanos negros y algunos latinoamericanos estaban jugando en las mayores. Y lo que es más, su producción ofensiva convirtió en dulce realidad el entonces popular slogan de “lo negro es bello”. En aquellos años los bateadores de color dominaban las categorías ofensivas de la liga. En la LN, las estrellas de color ganaron 7 títulos de cuadrangulares, igual número de premios al jugador más valioso y 6 títulos de bateo; en la LA, los de color ganaron 3 títulos de bateo y 3 premios al jugador más valioso. Entre las principales super estrellas de color, Willie Mays de los Gigantes recibió más votos como el jugador de la década de la revista Sporting News; de hecho Mays representó una amenaza, aunque remota, para romper una marca de por vida en home runs que ostentaba Babe Ruth. Al finalizar su carrera, Mays había conectado 660 cuadrangulares; pero al finalizar la década muchos observadores estaban considerando al jardinero de los Bravos, Hank Aaron, como el candidato con más posibilidades de superar a Ruth. En ese entonces Frank Robinson se convirtió en el primer jugador en ganar el premio al más valioso en ambas ligas y el jardinero Roberto Clemente de los Piratas, ganó 3 títulos de bateo en la LN.

Brillando junto a estas estrellas, había prodigios blancos como Rogers Maris quien fletó 61 vuelacercas en 162 juegos en 1961, para establecer una nueva marca de home runs para una temporada; Carl Yastrzemski, quien ganó la Triple Corona de la LA y Pete Rose, quien entró como novato en 1963 con los Rojos de Cincinnati y más tarde rompería la marca de por vida de Ty Cobb de 4,191 hits.

Bob GibsonBob Gibson

De hecho, este ataque ocurrió a pesar del marasmo ofensivo de esa era, como consecuencia del dominio de los lanzadores. Como causante a este marasmo del bateo, se menciona la ampliación de la zona de strike en la temporada de 1963, pero también la mejoría en los entrenamientos, en la fabricación de los guantes, estrategias defensivas y sobre todo el astuto y oportuno uso de los lanzadores especializados en relevo. Debido a esto, los promedios de efectividad rondaban los 3.30 y fue así como en 1968, el memorable “Año del Lanzador” los serpentineros se combinaron para registrar un promedio de efectividad colectiva de 2.98, la marca más baja de carreras permitidas en casi 40 años. No fue sorpresa que el impacto de estas formidables cifras en el bateo haya sido dramático. En 1967, los bateadores de grandes ligas promediaron colectivamente .242 y en 1968 el promedio cayó a un miserable 237. Fue esta pésima marca la que urgió al comité de reglas a tomar medidas correctivas. Sus miembros votaron a favor de estrechar la zona de strike y a bajar la altura de los montículos en 1969. Esta medida rompió el marasmo del bateo, pero en el ínterin, los lanzadores estelares sacaron la mejor ventaja. En 1969, el as de los Cardenales, Bob Gibson logró un promedio de efectividad de 1.12 y abanicó a 35 bateadores en 3 apariciones en la Serie Mundial de ese Otoño. Ese mismo año, Denny McLain de los Tigres, se convirtió en el primer lanzador en más de 30 años que rompía la barrera de las 30 victorias con registro de 31-6; por su parte, Don Drysdale de los Dodgers implantó el récord de 58 entradas consecutivas sin permitir carreras. Además en esa década 15 serpentineros se unirían al grupo de los 20 primeros líderes en ponches.

Sin embargo, muchos observadores culpaban el picheo dominante por caída en la asistencia de esos años. Del récord de 15 millones en 1966, la asistencia en la LN cayó a 11 millones en 1968, “el año del lanzador”. Aún así, la asistencia en la LN superó de manera consistente la de la LA. La asistencia global de la LN sobrepasó la de la LA por 16 millones. Pero el factor primordial responsable de la mejor asistencia en la LN eran los nuevos estadios del viejo circuito. En esa década, 7 de los 10 recién construidos estadios fueron ocupados por equipos de la LN; de estos 9 habían sido financiados con fondos públicos, pero el Dodger Stadium, construidos con fondos privados, se llevaba los honores en cifras de asistencia en la LN.

Pero también, los beneficios por derechos de tele transmisión, aumentaron la ansiedad provocada por las bajas asistencias. Para 1967, los beneficios por concepto de contratos de TV local y nacional ascendían a 25 millones, con tendencia alcista. Por otra parte, mediante el aumento de juegos nocturnos del valor de las franquicias de grandes ligas, de convertir a los jugadores en celebridades y la presencia de empresarios televisivos en las directivas de los clubes, la televisión estaba transformando el juego. Para algunos alarmistas, la TV era una amenaza. En 1964, la venta de los Yankees a la poderosa CBS Network aumentó los temores de una excesiva influencia de la televisión. Sin embargo, estos temores fueron disipados por la caída en picada de los Yankees bajo la administración de la CBS y por la reventa del equipo a inversionistas privados.