EL BÉISBOL EN LA ERA DE POSGUERRA: 1946-1960


EL BÉISBOL EN LA ERA DE POSGUERRA: 1946-1960





La victoria en la Segunda Guerra Mundial desató gran número de cambios reprimidos que alteraron la sociedad Norte Americana. El que recibió la menor bienvenida fue el de una economía en expansión constante que incremento el número de empleos, los salarios y los gastos en consumo.

Apuntalado por el crecimiento de industrias tales como la construcción de viviendas, la televisión y la producción de automóviles, la oleada de prosperidad económica transformó la nación convirtiéndola en una sociedad afluente con dinamismo y abundancia. Aun más, la mayoría de los norteamericanos recibieron parte de las frutas de la abundancia. Con mucho ingreso discrecional, los norteamericanos gastaban cada vez mayores sumas en recreación y placer. De un total de $11,000 millones gastados en 1946 para tales fines, dichos gastos pasaron de $18,000 millones para 1960. Para ese entonces, la actividad recreativa más popular era el mirar televisión, con más del 80% de los hogares de los Estados Unidos de 1960 disponiendo de por lo menos un aparato de televisión. Y el número de hogares en Norte América aumentó rápidamente a igual que la población en franco crecimiento. El auge de los matrimonios después de la guerra aumentó un pedido de 15 años conocido como de baby boom que se sumó al crecimiento poblacional de la nación. Y en esta era, millones de Norteamericanos abandonaron las viejas ciudades rumbo a hogares en áreas suburbanas, una tendencia que aceleró el crecimiento de nuevas regiones urbanas.

Pero la Norte América de posguerra también debió encarar cambios y disturbios controversiales. Domésticamente, la oposición ya añadida a la discriminación y segregación racial presenciaba en estos momentos a los americanos de color utilizando movimientos de acción política para destruir las fuentes de iniquidad.

Similarmente, el aumento en la actividad sindical por parte de los trabajadores organizados estaba dirigido a obtener una menor tajada de la fruta de la abundancia. Y en el frente internacional, la nación se encontraba ocupando el rol defensor del mundo libre contra la expansión comunista. Para esta época una reja armamentista con la Unión Soviética tenia a los Estados Unidos y a los Rusos acumulando masivamente armas nucleares y extendiendo su rivalidad a la exploración espacial. Esta lucha ideológica internacional se trasladó al frente doméstico aumentando el gasto federal en defensa y en los programas espaciales, la continuación del reclutamiento militar, y un pánico anticomunista que se extendía a las campañas políticas.

En esta época la mayoría de estas fuerzas, además de otras tenían efecto sobre el béisbol de ligas mayores. Para los nuevos, el aumento de la prosperidad nacional multiplicaba la asistencia y los ingresos, pero el cambio en los centros poblacionales ahora ponía a pensar a algunos dueños de clubes en abandonar las ciudades viejas en busca de pastos más verdes en otros lugares. Para 1958 habían ocurrido 5 cambios de franquicias de este tipo. En 1953 los Bravos de la LN fueron la primera franquicia en hacer las maletas cuando abandonaron su hábitat tradicional en Boston rumbo a Milwaukee; en 1954 los calamitosos Browns de la LA hicieron sus maletas dejando a St. Louis para irse a Baltimore, y el año siguiente los no menos calamitosos Atléticos den la LA se mudaron de Philadelphia a Kansas City. Tales cambios resultaron controversiales, puesto que destruyeron un status quo que había permanecido durante 50 años en el béisbol de las grandes ligas. Pero el mayor clamor público se escuchó en Booklyn y New York City, donde los fanáticos de los Dodgers en la LN y los Gigantes vieron a estos equipos marcharse a la costa Oeste, a los Angeles y San Francisco respectivamente. Siguiendo a dichas mudanzas, la Liga Continental, rival de las ligas mayores, amenazó con establecer equipos en algunas ciudades abandonadas, pero principalmente en nuevos centros urbanos que ahora clamaban con ansiedad por la llegada del béisbol de grandes ligas. La necesidad urgente de desactivar la amenaza de la Liga Continental y en menor grado la necesidad de apaciguar a los fanáticos huérfanos de New York motivó a los propietarios de las grandes ligas a expandir la liga al final de esta era.
1955 Dodgers1955 Dodgers

Mientras tanto estos movimientos y mudanzas de franquicias, a la vez que aumentaban la asistencia a los parques y los ingresos, estaban debilitando a las ligas menores consumiendo los recursos en algunos de los territorios más fuertes de las menores. Al mismo tiempo las entradas a los juegos de ligas menores estaban siendo minadas por el incremento en la transmisión de juegos de las grandes ligas a través de la radio y la televisión. Para las ligas estos golpes resultaban demoledores. Partiendo de su mejor desempeño en 1949, cuando las ligas menores disponían de 59 circuitos y más de 7,800 jugadores y atraían 40 millones de fanáticos, el número de circuitos en las menores disminuyó continuamente. A principios de la década de 1960, el número de circuitos se había reducido a 19, menos de 2,500 jugadores y una asistencia anual total menor a 20 millones de fanáticos. Para ese entonces, los propietarios de equipos de las mayores estaban aprendiendo que había un precio que pagar, pues la decadencia de las menores creaba a las ligas mayores un problema de escasez de talentos crónico y persistente. Para lidiar con el difícil problema de escasez, los clubes de ligas mayores se enfrascaron en una costosa guerra de ofertas en busca de los servicios de los jóvenes promesas.

Y además de las ofertas por los “chicos premiados” los clubes de grandes ligas reclutaron a jugadores negros tanto en Norte América como en América Latina. Dado que tales acciones no fueron suficientes para resolver el problema de escasez de jugadores, próximo al fin de esta era las mayores descubrieron la necesidad de subsidiar a las menores que aun quedaban, para evitar que se esfumaran estas incubadoras vitales para el talento joven.

Pero la escasez de buenos jugadores de béisbol fue agravada también por la revolución televisiva. Pronto los productores de televisión se dieron cuenta de que otros deportes atraían televidentes, se dieron a la tarea de subsidiar deportes en equipos que rivalizaban con el béisbol tales como el fútbol profesional y el basketball. A medida que crecía la popularidad de estos y otros deportes, los jóvenes atletas se dedicaban a ellos en números crecientes. De hecho, en muchas escuelas y universidades el béisbol era ahora un deporte minoritario. Pero la televisión aportó bendiciones además de problemas al béisbol. En 1950 la teletransmisión del béisbol produjo $2.3 millones en nuevos ingresos y para 1960 dichos ingresos anuales sobrepasaron los $12 millones. A medida que los ingresos debido a la televisión abonaron el valor de las franquicias de grandes ligas, su potencial se había convertido en un factor digno de consideración al momento de relocalizar franquicias. Por el momento, los dueños tenían la costumbre de negociar sus propios contratos de televisión localmente. Pero los propietarios de esta era se preocupaban sobre el impacto de la televisión en la asistencia en vivo a los juegos. En 1946 una cantidad récord de 18.1 millones de fanáticos asistió a los juegos de ligas mayores y en 1948 la asistencia que subía continuamente llegó a 21.3 millones. A partir de entonces la asistencia anual disminuyó, cayendo debajo de la marca de los 20 millones durante la década de 1950. Algunos propietarios culparon a la televisión que ofrecía un show gratis de los juegos por este cambio tan radical. Sin embargo los parques anticuados, localizados en ciudades congestionadas y decadentes cuyas poblaciones se estaban mudando a espacios suburbanos, era también causa de la disminución. La televisión también alteró el juego de otras maneras. El número de juegos nocturnos crecía continuamente habiendo transformado el béisbol de grandes ligas convirtiéndolo en un espectáculo básicamente nocturno, con excepción del Wrigley Field en Chicago.
baseball on tv!
Baseball on TV!

El béisbol nocturno era parte de una tendencia apoyada por la teletransmisión de los juegos a medida que los productores se dieron cuenta que los juegos nocturnos eran más rentables. Y al convertir a los jugadores en celebridades, la televisión desencadenó una vertiginosa subida en los salarios de los jugadores que habría de lograr proporciones espeluznantes años mas tarde. Y más aún, al aventajar a los periódicos cubriendo más temprano el resultado de los juegos, la televisión forzó a los redactores del béisbol a adoptar un estilo nuevo y más profundo para reforzar el béisbol. Pero estas bendiciones mezcladas no fueron suficientes para detener a los dueños de equipo en su afán de sacar provecho económico en los contratos de transmisión en la televisión nacional y local. Sin embargo, es poco probable que ningún dueño durante esta era pudiera haber previsto la llegada de un tiempo cuando los ingresos por teletransmisión excedieran a los ingresos por venta de tikets para los juegos. Tampoco podía ningún propietario en la alborada de esta era profetizar el impacto revolucionario que tenía la integración racial en el béisbol.

Así las cosas, en 1947 el béisbol de grandes ligas vino a ser un frente importante en la persistente batalla por la igualdad racial. El “gran experimento” introducido por Branch Rikey ese año al contratar a Jackie Robinsoncomo el primer jugador negro conocido que jugara en las ligas mayores durante este siglo. Defendiendo la primera base para los Dodgers de Brooklyn ese año, Robinson aprobó exitosamente un periodo de prueba previo a su aceptación, y pasó la prueba en gran forma. Un promedio de bateo de .297 encendió una temporada de campeonatos para los Dodgers mereciéndole a Robinson el título de Novato del Año. Más importante aún, su éxito allanó camino para que otras estrellas de color le siguieran los pasos. Para 1958 alrededor de 100 jugadores negros de Norte América y aproximadamente 80 negros de origen hispano jugaban en las ligas mayores, la mayoría de ellos con equipos de la LN, donde sus presas ayudaron a la LN a tener mejor desempeño que la LA. A Robinson le siguieron los pasos futuros de miembros del Salón de la Fama tales como Willie Mays, Roy Campanella, Ernie Banks, y Roberto Clemente. Sin embargo, al abrirse la puerta de las grandes ligas blancas, las grandes ligas negras fueron condenadas a la extinción. Para 1950 la era de las grandes ligas negras había terminado. En lo que respecta a las grandes ligas blancas, el reclutamiento de jugadores negros solo había aliviado temporalmente la creciente escasez de talentos.

Mientras tanto, la creciente actividad pro-sindicatos en la Norte América de postguerra estaba ejerciendo su influencia en las ligas mayores. En 1946 un número cada vez mayor de quejas contra los propietarios motivaron a los jugadores de ligas mayores a organizarse en la recién formada American Baseball Guild. Dirigido por el abogado de Boston Robert Murphy, en este cuarto intento por sindicalizarse los jugadores de grandes ligas habían conseguido que los jugadores formaran capítulos locales en cada equipo, eligiendo representantes de los jugadores, y demandando salarios mas elevados, beneficios marginales, y un plan de pensiones. Un intento de huelga durante este año fue desactivado cuando los propietarios concedieron un salario mínimo de US$ 5,000.00, algunos beneficios marginales, y un plan de pensiones que habría de ser capitalizado con los ingresos de la radio y la televisión a nivel nacional. Esta última concesión fue portentosa; no totalmente hubo un compromiso de los propietarios al principio de otorgar pensión, pero se había establecido el precedente importante de dar a los jugadores participación en los ingresos debido a los medios de transmisión. Estas concesiones hicieron que el “Guild” se durmiera en sus laureles, desapareciendo prontamente. Pero cuando los propietarios intentaron abolir el plan de pensiones en 1953, representantes de jugadores de 16 equipos contrataron al abogado de New York J. Norman Lewis para que representara sus causas. Esta crisis dio origen a la League Players Associatión; bajo el liderazgo de Lewis, la Asociación peleó y ganó la batalla para mantener el plan de pensiones. Pero la Asociación languideció durante esta lucha y casi al final de esta era bajo la dirección de Robbert Cannon, la Asociación fue dirigida como el sindicato de cualquier compañía hasta 1966. Luego, bajo el eficiente liderazgo de Marvin Miller, la Asociación se convirtió en una formidable agencia de negociación colectiva para los jugadores,

Mientras tanto, la crisis de la Liga Mexicana de 1946 se sumó a las crecientes tensiones entre jugadores y propietarios. Ese año los promotores de la Liga Mexicana sedujeron a un puñado de jugadores de grandes ligas para que dieran el salto a la liga Mexicana con ofertas de mayores salarios. Cuando el Comisionado A.B. Chandler puso a los jugadores en lista negra, uno de ellos, Danny Gardella, demandó en las cortes federales. Cuando una corte de apelación favoreció a Gardella, la amenaza a la cláusula de reserva del béisbol fue lo suficientemente seria para persuadir a los propietarios de arreglar este caso fuera de la corte. Subsecuentemente, las investigaciones congresionales a las prácticas monopólicas del béisbol también amenazaron la cláusula de reserva, pero ninguna legislación fue aprobada con relación a las investigaciones del Congresista Emmanuel Celler.
Ted WilliamsTed Williams

Sin embargo, creando la Asociación de Jugadores De Grandes Ligas y logrando el enlace del plan de pensión a los ingresos por la transmisión televisiva nacional, los jugadores militantes de esta era establecieron las cimientes para que, los jugadores de futuras generaciones cosecharan impresionantes acuerdos salariales. Pero por el momento los jugadores debían contentarse con los salarios que al menos sobrepasaban los de sus predecesores. Durante la década de 1950 el 75% de los salarios de los jugadores se encontraba entre $10,000.00 y $25,000.00 por temporada. Sin embargo, tres super estrellas, Joe DiMaggio, Ted Williams, y Stan Musial, recibían salarios anuales de US$100,000.00 por temporada.

Pero si los jugadores organizados mostraban signos de ganar riqueza y poder, los poderes del Comisionado del béisbol se estaban desvaneciendo. De hecho, cuando Landis murió en 1944, pronto se hizo obvio que los propietarios no iban a tolerar a otro Comisionado con poder. Fue así como el suceso de Landis, por el Comisionado Chandler, no obtuvo el derecho a un segundo termino en 1951. Por su parte, Chandler responsabilizo a su clara postura sobre términos tan importante como su apoyo al plan de pensiones, su oposición a que se jugara béisbol los Domingos por la noche, y su defensa de los derechos de los jugadores de ligas menores, como las razones de su salida. Pero fuere lo que fuere, el rimbombante Chandler fue reemplazado por Ford Frick, quien permaneció por 14 años dando pleno cumplimiento a los designios de los propietarios.

En esta época de cambio en la membresía de los propietarios de clubes incluyendo a una nueva casta de hombres de negocios acaudalados quienes se hacían representar por los propietarios poderosos como Walter O´Malley de los Dodgers y Dan Topping de los Yankees. Ejerciendo influencia sobre el poderoso comité ejecutivo de los propietarios, sus poderes excedían por mucho los poderes del Comisionado.

Entre los cambios en las reglas de juego de esta era, la recodificación de 1950 estrechó la zona de strike, y una regla dictada en 1954 restauró permanentemente la regla del elevado de sacrificio. De gran importancia para el futuro fue la regla de 1959 que reaccionaba ante el diseño de nuevos parques con financiamiento público como los de Milwaukee, Kansas City, Baltimore, San Francisco, y los Angeles, y que pronosticaban el auge venidero en la construcción de nuevos parques. Esta regla dispuso que los parques construidos después de 1959 debían cumplir con la distancia mínima de 325 pies desde el home plate hasta las cercas del jardín izquierdo y del jardín derecho.

En el terreno de juego, la defensa mejorada fue atribuida a los guantes más grandes y más flexibles. Y la producción de cuadrangulares de esta era se debió en gran medida a que los jugadores disponían de bates más ligeros y mejor formados, al uso obligatorio a los protectores de cabeza, y al cambio mas frecuentes de las bolas. En esta etapa un equipo llegaba a utilizar hasta 12,000 bolas en una temporada. Ofensivamente tales cambios dieron origen a rachas de cuadrangulares sin precedentes, con los jugadores de la LN promediando mas de 1,100 vuelacercas por temporada durante la década de 1950. Y lo que es más, los bateadores de la LN por lo regular también superaban a los bateadores de la LA en promedios de bateo y bases robadas. El mayor número de estrellas de raza negra en la LN ganó el crédito por este cambio. Robinson se convirtió en el primer jugador negro en ganar el premio al Jugador Mas Valioso (MVP), y luego que Robinson recibiera dicho premio en 1949 otras 7 estrellas de color, incluyendo a los toleteros Roy Campanella, Ernie Banks, y Willie Mays, ganaron el MVP de la LN en la década de 1950. Sin embargo las estrellas más celebradas de esta era fueron DiMaggio, Williams, y Musial. DiMaggio se retiró después de la temporada de 1951 con un promedio de bateo de por vida de .325, mientras que Williams y Musial continuaron su estrellato durante toda esta era. Cuando se retiró en 1960, Williams, a pesar de los años perdidos debido a su participación en la Segunda Guerra Mundial y en el conflicto de Korea era poseedor de un promedio de bateo de .344, 6 títulos de bateo de la LA, 521 cuadrangulares, y un par de Triples Coronas. Y cuando Musial se retiró en 1963, sus credenciales indicaban un promedio de bateo de por vida de .331, 7 títulos de bateo en la LN y un récord para la LN de 3,630 hits de por vida equitativamente dividido entre los juegos en casa y los juegos en la ruta.

Para los apaleados lanzadores estos años de posguerra fueron años de pesadilla. Las efectividades rondaban alrededor de 4.00 en la LN y sólo un poquito menor en la LA durante esas campañas. Para hacer frente a sus tormentosos bateadores, los lanzadores confiaron con más frecuencia en el lanzamiento de sliders y algunos emplearon clandestinamente métodos ilegales como era el ensalivar la bola. Los managers respondieron instaurando los lanzadores de relevo. Para esta época “ los relevistas cortos”, capaces de apagar rebeliones en medio de las entradas, eran considerados ahora valiosos especialistas cuyas proezas se medían por cantidad de juegos salvados y se premiaban más tarde en esta era con el premio anual “Apaga Fuegos del Año”. Entre los mejores “Bomberos” de esta era se encontraban Joe Page de los Yankees, Jim Konstanty de los Phillies, Roy Face de los Piratas, y Hoyt Wilhelm que estuvo en todas partes. De hecho, Wilhelm duró 21 campañas lanzando su nudillo. Cuando se retiró en 1972, había aparecido en 1,070 juegos, con 227 salvados y una ERA de por vida de 2.52. Sin embargo los buenos abridores no habían desaparecido en esta época.

Entre los mejores, el zurdo Warren Spahn de los Bravos ganó 20 o más juegos en una decena de campañas, retirándose con 363 victorias de por vida. Para honrar a los lanzadores sobresalientes de cada temporada, en 1956 fue instituido el premio anual Cy Young. El primer ganador fue Don Newcombe, el as negro de los Dodgers de Brooklyn. De 1956 y hasta la campaña de 1966, solo se otorgaba un premio por temporada en las grandes ligas, a partir de ese entonces el mejor lanzador de cada liga recibe un premio Cy Young.