Historia de los Gigantes de San Francisco


Historia de los Gigantes de San Francisco





La expulsion de Troy y Worcester de la LN después de temporada de 1882 aclaro el camino para que la liga restableciera los esquipos en los grandes mercados de Philadelphia y New York.

El industrial John B. Day fue premiado con la franquicia de New York. Después de comprar el difunto equipo de Troy dividio sus jugadores entre los nuevos Gothamns de la Liga Nacional y su otro equipo, los Metropolitanos de la Asociación Americana, y los estableció en tierras vecinas al norte del Central Park, en un terreno una vez usado para la práctica de polo.

A los Mets les fue mejor que Gothams, finalizando cuarto en 1883 y Gothams en sexto, y ganando el pennant de la AA el próximo año, mientras que los Gothams solo alcanzaron un quinto lugar en la LN. Como la Liga Nacional poseía mayor prestigio y más altos precios de boletas y ofrecia potencialmente mayores beneficios, Day cambio algunos de sus jugadores de los Mets a los Gothamns en 1885, incluyendo a su destacado lanzador Tim Keefe y al manger Jim Mutrie.

Los resultados fueron inmediatos: los Mets se hundieron hasta el septimo lugar, mientras que los Gothams (apodados “Mis Gigantes” por el entusiasta Mutrie) se sobrepusieron y entraron a la pelea por el pennant con Chicago. Al final Chicago estaba en la cima por dos juegos, pero los Gigantes habian ganado sobre tres de cuatro juegos para un porcentaje de .759 que es no solamente el mejor del equipo de por vida, sino además uno de los más altos en la historia de la ligas mayores. Los lanzadores Keefe y Mickey Welch ganaron entre ambos 76 de las 85 victorias del equipo, y el primera base Roger Connor encabezó la liga en bateo.

Buck Ewing
Los Gigantes ganaron su primer pennant en 1888 por nueve juegos sobre Chicago y su segundo el siguiente año por tan solo un juego sobre Boston. Keefe y Welch todavía fuertes combinaron para 61 victorias en 1889 y 55 en 1889. Continuando su camino de victorias en la Serie Mundial, los Gigantes triunfaron facilmente sobre San Luis en 1888, y se sobrepusieron a un deficit 1-3 para derrotar a Brooklyn el siguiente año.

En 1890 sacudidos por la perdida de jugadores hacia la rival Liga de Jugadores, los Gigantes finalizaron en sexto, pero recuperaron varios jugadores cuando la Liga de los Jugadores cesó al final de la temporada. Además se mudaron al estadio de la LJ nombrandolo igual que su antiguo estadio Polo Grounds, y jugaron allí 68 años. Alcazaron el tercero en 1891, pero Day no pudo mantener el equipo y lo vendio al financiero Edward Talcott.

Talcott trajo de nuevo a la antigua estrella de los Gigantes J. M. Ward para dirigir el equipo y en 1894 vió al equipo alcanzar un cercano segundo lugar detrás de Baltimore. Los lanzadores Amos Rusie y Jouett Meekin empataron para el liderazgo de la liga con 36 ganados cada uno. En el juego de post temporada por la copa Temple Cup, los Gigantes barrieron a Baltimore en cuatro juegos para obtener su tercer campeonato mundial.

Ese invierno Talcott vendio el control del club al politico de Tammany Hall Andrew Freedman. La suerte de los Gigantes se hundio bajo las reglas abrasivas e inflexibles de Freedman. Al pasar por una sucesion de managers los Gigantes cayeron en el noveno (de 12 equipos) en 1895 y, aparte de un tercer lugar en 1897 nunca estuvieron más altos que en el septimo mientras Freedman controló la franquicia. En 1902, su último año como propietario los Gigantes padecieron su más bajo porcentaje de ganados, .353, y su más lejano final de por vida, 53.5 juegos detrás del campeón Pittsburgh.

John McGraw
A mediados de la temporada de 1902, sin embargo, una escaramusa en la guerra entre la LN y la principiante Liga Americana le permitió a los Gigantes un cambio radical. John T. Brush propietario de los Rojos de Cincinnati de la LN, compró los Orioles de Baltimore de la LA y permitio al manager de los Orioles John McGraw y a otros jugadores claves firmar con equipos de la LN. Cinco de ellos ingresaron a los Gigantes, incluyendo a McGraw, al receptor Roger Bresnahan y al lanzador Joe “Hombre de Acero” McGinnity. Ese invierno, Brush vendió los Rojos y los Orioles y compró los Gigantes.

En 1903 con Bresnagan bateando .350 y McGinnity ganando 31 juegos con una marca para la liga (seguido cercanamente por Christy Mathewson con 30 victorias), el manager McGraw vió a sus Gigantes ganar 36 juegos más que en 1902 y finalizar en un sólido segundo lugar. En las 29 temporadas completas con McGraw al mando el equipo ganaría 10 pennants y finalizaría en segundo en once ocasiones.

TEMPORADA DE 1904

Solo dos años después de su peor campaña de todos los tiempos, en 1904 McGraw llevó a sus Gigantes a una de sus mejores. Sus 106 victorias y una ventaja de 13 juegos se conservan como los mejores records de los Gigantes hasta el dia de hoy. El club encabezò la LN en picheo, bateo, defensa y bases robadas. McGinnity lideró el picheo de la liga en varias categorías con 35-8, 1.65 ERA, para la mayor temporada de su carrera. Mathewson, justo detrás con 33 ganados, lidereó la liga en ponches.

Christy Mathewson
La única desilusión de los Gigantes de 1904 fue el rechazo de McGraw a enfrentar a Boston en la Serie Mundial. Su rechazo de los Campeones de la LA como oponentes de altura fue el último disparo en la guerra entre las dos ligas. Para el tiempo en que los Gigantes repitieron como ganadores del pennant de la LN un año más tarde, la Serie Mundial era una función oficial en el mundo del béisbol.

Mathewson encabezó el picheo de la LN en 1905 con 32 ganados y una ERA de 1.27, y el jardinero ¨Turkey Mike¨ Donlin, adquirido de Cincinnati en julio, surgió con la mejor temporada de su carrera, bateando .356 y anotando 124 carreras para una marca de la liga. Los Gigantes ganaron solo un juego menos que el año anterior y retuvieron un cómodo liderazgo durante toda la temporada. Las tres blanqueadas de Mathewson contra los Atléticos de Filadelfia en la Serie Mundial, aseguraron la cuarta corona mundial para el equipo.

Corría el 1911 cuando los Gigantes ganaron su siguiente pennant. A pesar de las 96 victorias en 1906 finalizaron en un lejado segundo detrás de los poderosos Cachorros de Chicago, quienes establecieron un record ganando 116 juegos. En 1908 los Gigantes entraron en una disputada carrera por el pennant. En septiembre 23 jugando contra Chicago (con quienes empataron en la cima de una carrera de tres equipos), el corredor de los Gigantes Fred Merkle falló en correr hacia segunda con un sencillo disparado por Al Bridwell que pudo haber empujado la carrera de la victoria desde tercera.

Merkle fue forzado en segunda despues que la pelota (o una segunda pelota según se argumenta todavía) fue recuperada en medio de una horda de fanaticos que se adueñaron del campo. El out forzado en segunda impidio la carrera y el juego fue declarado empate. Al final de la temporada cuando los dos equipos se encontraron de nuevo empatados en la cima el juego ¨Merkler boner¨ fue repuesto. Los Cachorros ganaron el juego y el banderin, dejando a Gigantes empatando en el segundo lugar con Pittsburgh.

En 1911 los Gigantes se alejaron de los Cachorros en septiembre para obtener el primero de tres pennants consecutivos. A principio de la temporada la mayor parte del Polo Grounds fue reconstruida en concreto, después que un fuego destruyo las estructuras de madera. El siguiente año los Gigantes tomaron el liderazgo en mayo y lo retuvieron comodamente el resto del camino. En 1913 no se movieron al primero hasta finales de junio, pero entonces rapidamente pusieron el banderin fuera de alcance y finalizaron 12.5 juegos delante de los tambaleantes Filis.

Mathewson lidereó el equipo en victorias en el periodo de tres años con 74 victorias, seguido de cerca por Rube Marquard (quien on 73 victorias disfrutó de las tres mejores temporadas de su carrera). Matty lideró la LN en ERA en 1911 y 1913; el novato de los Gigantes Jeff Tesreau obtuvo los honores en 1912 (ganando 17 juegos esa temporada y 22 la próxima). El picheo de los Gigantes encabezó la liga durante las tres temporadas, como lo hizo su bateo, el cual exhibió una balanceada ofensiva marcada por los jugadores del cuadro Larry Doyle y art Fletcher y el receptor Chief Meyers.

TRES DERROTAS DE SERIE MUNDIAL

En la Serie Mundial, sin embargo, los Gigantes fracasaron tres veces en obtener el tìtulo. Los Atléticos de Filadelfia los pasearon en 1911 y 1913, pero los Gigantes se enfrentaron en la Serie de 1912 contra los Medias Rojas de Boston, llevádola hasta la décima entrada del juego final antes de que un par de errores de los Gigantes permitieran a Boston hacer las carreras de la victoria.

Los “Milagrosos” Braves de Boston, en su resurgimiento desde el ùltimo lugar hasta el pennant en 1914, pasaron a los delanteros Gigantes para siempre a principios de septiembre. El pròximo año, cinco de los ocho equipos de la LN se encontraban amontonados en el sótano con un rango de 3.5 juegos entre uno y otro al final de la temporada, con los Gigantes en el fondo. En una temporada de los Gigantes de 1916 caracterizada por altibajos, aún una racha de 26 victorias en Septiembre no pudo levantar el equipo màs allà del cuarto. Pero en 1917 un balanceado cuerpo de lanzadores, encabezados por una gran temporada de Ferdie Schupp (21-7, 1.95 ERA), lanzaron a los Gigantes al frente a principios de junio y los mantuvo al`í hasta el final. Una vez más, sin embargo, la Serie Mundial se convirtió en una desilusión, con una derrota de los Medias Blancas de Chicago en seis juegos.

Siguieron tres años terminando en segundo lugar, en medio de los cuales los Gigantes cambiaron de dueño. Brush habia muerto en 1912 y fue sucedido como presidente por su yerno Harry Hempsted. Pero en enero de 1919, los herederos de Brush vendieron el club a un financista y criador de cavallos de carreras llamado Charles A. Stoneham con el manager McGraw como accionista minoritario.

En 1921 McGraw trajo a casa la primera de cuatro temporadas ganadoras en línea para Stoneham. Siete jugadores regulares batearon sobre .300 (encabezados por el tercera base Frankie Frisch con .341). Los 23 home runs del primera base George Kelly liderearon la LN. El club se mantuvo cerca de Pittsburg durante agosto, entonces salto a un liderazgo que los decadentes Piratas no pudieron retar. En los juegos de postemporada los Gigantes perdieron sus primeros dos juegos de los Yanquis pero volvieron a la carga para ganar su quinto Campeonato Mundial. El siguiente año el jardineros Irih Meusel celebró su primera temporada completa en New York con una marca para el equipo de 132 RBI , mientras que los Gigantes se defendieron de un reto de mediados de temporada del equipo de San Luis para alejarse con un cómodo margen hasta el final. La Serie Mundial fue especialmente dulce: Una barrida de cuatro juegos a los Yankees.

Lefty O’Doul
Cincinnati y Pittsburgh se mantuvieron justo detrás de los Gigantes durante gran parte de 1923, pero nunca realmente llegaron a alcanzarlos. La ofensiva de los Gigantes que fue la mejor en la liga, fue encabezada por li muchos record individuales para la liga, en RBI (Meusel), carreras anotadas, (el outfielder Ross Youngs), y hits y bases totales (Frisch). Pero los Yankees finalmente detuvieron a los Gigantes en la Serie Mundial, 4-2.

George Kelly ganó el título en carreras impulsadas en la LN de 1924. El bateo del club permaneció como el mejor de la liga y para principios de agosto Los gigantes habían sacado ventaja de 10 juegos. Más tarde se acercaron cuando Brooklyn tomó la delantera por un solo día a principios de septiembre, pero los Gigantes emergieron triunfantes al final por 1.5 juegos. En la Serie Mundial que fue tan frustrante como fue excitante la carrera del pennant, los Gigantes perdieron ante Washington en la última parte de la doceava entrada del séptimo juego, cuando un rodado de los Senadores saltó sobre la cabeza del novato tercera base Fred Lindstrom para impulsar la carrera que puso fin a la serie.

TERRY SUSTITUYE A McGRAW

Finales cerrados en 1927 y 1928, por dos juegos de diferencia en cada año, fue lo más cerca que llegaron a estar los Gigantes de McGraw de un pennant. Las relaciones de los jugadores con el exigente manager, raras veces habían sido armoniosas y habían alcanzado el punto mas bajo cuando él, enfermo y cansado, se retiró a principios de la temporada de 1932 con el equipo en último lugar, nombrando al primera base Bill Terry en su lugar. Con Terry, los Gigantes llegaron solo hasta el sexto lugar esa temporada, pero McGraw había perfilado una escuadra para una nueva era de grandeza. Él había persuadido a Terry para que dejara la carrera con la Standard Oil para ir a los Gigantes. Había salvado el estilo de bateo único pero eficaz de Mel Ott de la vista de los escuchas manteniéndolo fuera de las menores y había rescatado al lanzador Carl Hubell de la mediocridad al incentivar su lanzamiento de tirabuzón, que otros managers habían tratado de suprimir.

Hubell y Ott formaron el cuerpo y alma de un equipo que ganaría una triada de pennants bajo la guía de Terry. En 1933 los Gigantes pasaron al frente en junio y a pesar de una mala racha septembrina, terminaron bien delante de sus seguidores, los Piratas. Ott, en lo que para él fue un mal año, motorizó la ofensiva de los Gigantes con 23 vuelacercas y 103 impulsadas, mientras que Hubbell encabezó la liga en ganados, blanqueadas y efectividad. Hubbell también lanzó dos partidos contra Washington en la Serie Mundial y Ott lo dio todo por New York con un homerun en la décima entrada del quinto juego. McGraw, aun vicepresidente del club, dio una gran fiesta para ¨sus¨ Gigantes después de la Serie. El siguiente febrero murió a los 60 años de edad.

Como en la temporada anterior, los Gigantes de 1934 emergieron del pelotón para tomar y retener el primer lugar hasta finales de septiembre. Llegaron más alto que en 1933 y no se cayeron sino hasta el final. Sus cinco derrotas al final de la campaña fueron suficientes para caer dos juegos por debajo de los Cardenales. Otra vez en 1935, encabezaron la liga la mayor parte de la temporada, pero habían empezado a perder terreno a mediados de julio y terminaron la temporada bien detrás en tercero. Charles Stoneham murió en enero de 1936 y su hijo Horace, quien a los 33 años ya había dirigido el club por un año, asumió la presidencia del club.

En 1936 y de nuevo en 1937, los Gigantes vinieron desde atrás para llevarse la bandera. Hubbel encendió un despertar en la segunda mitad de 1936, ganando sus últimas 16 decisiones de la campaña y los Gigantes pasaron del cuarto al primero. En la Serie Mundial, sin embargo, Hubbell, después de ganar un partido, fue parado por los Yankees en su segundo intento. Los Yankees se llevaron la serie en 6 juegos.

Una vez más, el año siguiente, los Gigantes cayeron detrás de los punteros durante casi toda la temporada, hasta que una sacudida en agosto coincidió con una caída de Chicago y los Gigantes pasaron al frente. Los Cachorros se recuperaron, pero los Gigantes continuaron en su ruta ganadora y terminaron delante por tres juegos. Pero otra vez, los Yankees dominaron la Serie Mundial, ganando 4-1.

Los años de grandeza de Hubbell habían terminado y aunque los Gigantes estuvieron al frente de la LN durante la primera mitad de 1938, terminaron en tercero, cinco juegos detrás. Pasarían 12 años para que volvieran a terminar tan cerca del primer puesto. Mel Ott sustituyó a Terry como Manager en 1942, pero los Gigantes se hundieron al séptimo en 1943 en su segunda peor campaña y terminaron en último otra vez tres años más tarde. Hubo un punto luminoso: en 1947 llegaron en cuarto con una friolera de 221 cuadrangulares (encabezados por Johnny Mize con 51) que permaneció como récord de grandes ligas (aunque fue empatado por Cincinnati en 1956) hasta que los Yankees lo superaron en 1961 con 240.

DUROCHER LLEGA A LOS GIGANTES

A mediados de la temporada de 1948 el mundo del béisbol quedó perplejo con la noticia de que Leo Durocher, el belicoso manager de los Dodgers de Brooklyn había cambiado su lealtad hacia sus archienemigos, los Gigantes. Durocher descartó a los tres principales toleteros del año previo, (pero por un presentimiento retuvo el cuarto, Bobby Thomson) y añadió a los versátiles infielders Alvin Dark y Eddie Stanky a la alineación.

Para 1950, con el renacimiento de Sal Maglie como lanzador de primera categoría y la oportuna adquisición en la media temporada del también lanzador Jim Hearn, los Gigantes eran de nuevo un equipo competidor, avanzando en la segunda mitad de jugar por debajo de .500 a estar a cinco juegos de ventaja.

Luego de perder sus primeros once partidos el año siguiente, los Gigantes iniciaron un largo ascenso. Una racha de victorias de 16 juegos en agosto y otra de 7 juegos al final, los llevó a empatar con Brooklyn y obligar a una miniserie de 3 juegos para desempatar. Luego de una derrota y una victoria, los Gigantes llegaron a la parte baja de la novena entrada del juego 3, perdiendo 4-1. Dos sencillos y un doble acortaron la diferencia a una carrera y el lanzador de los Dodgers Ralph Branca fue traído para enfrentarse a Bobby Thomson, cuyo cuadrangular de dos carreras había dado la victoria a los Gigantes en el juego número 1. Thomson sacó la bola de nuevo y los Gigantes ganaron el pennant.

Su derrota a manos de los Yankees en la Serie Mundial deslució el milagro un poco, no así las hazañas de los jugadores Maglie y Larry Jansen, quienes lograron los mejores registros de sus carreras, empatados por el liderato de la LN con 23 triunfos por cabeza y del ex jugador de las Ligas Negras Monte Irvin, quien bateó para 312 y encabezó la liga en impulsadas.

El año siguiente Irvin estuvo fuera hasta agosto por una fractura de tobillo, Jansen (con problemas en la espalda) bajó a 11-11 y Willie Mays, un prometedor novato en 1951, salió a principios de campaña para enrolarse al ejército. Aun así, los Gigantes dieron la pelea a Brooklyn durante casi todo el verano y finalizaron en segundo. En 1953, se alejaron en el verano y terminaron en quinto, 35 juegos por debajo. Mays regresó en 1954 para disfrutar una de sus más sólidas temporadas al bate. Los lanzadores Johnny Antonelly (recién adquirido de Milwaukee), Rubén Gómez y Marv Grisson dieron el todo por el todo para registrar las mejores campañas de sus carreras. Los Gigantes se despegaron de Brooklyn en julio y se mantuvieron delante con un remate de final de temporada para terminar a cinco juegos delante.

Dados como perdedores ante los poderosos Indios, apalearon a la Tribu, y al resto del mundo del béisbol, con una barrida de cuatro juegos. Fue su octavo título mundial. El manager Durocher se retiró luego de lograr un distante tercer lugar en 1955 y Bill Rigney, quien lo reemplazó (el primero de siete managers novatos consecutivos que serían contratados por los Gigantes en los siguientes 20 años) guió al equipo en un par de temporadas que quedaron en sexto lugar, en los días finales del club en New York. El propietario de los Gigantes, Stoneham, persuadido por Walter O´Malley de que California era la tierra prometida para el béisbol, anunció en agosto de 1957 su decisión de mudar el club a San Francisco para la próxima temporada.

CALIFORNIA

La mudanza fue un éxito rotundo. Su asistencia se duplicó, aunque el equipo tuvo que jugar en un estadio de liga menor en que cabían sentados menos de 23 mil personas. Cuando el nuevo Candlestick Park abrió en 1960, la asistencia aumentó a casi 1.8 millones, nuevo récord del club. Mejor aun, novatos sensación como Orlando Cepeda en 1958 y Willie McCovey en 1959 y la creciente veteranía de Willy Mays, pusieron a los Gigantes en la competencia otra vez. En sus primeras 14 campañas en San Francisco, acumularon récords ganadores, una cadena más larga que todas las que habían logrado en New York. Sin embargo, el Candlestick Park resultó ser un lugar frío y con mucho viento para los espectadores y luego de su temporada inaugural los fanáticos empezaron a alejarse.

La asistencia aumentó ligeramente en 1962, sin embargo, cuando los Gigantes batallaron por el primero durante todo el verano con los Dodgers de Los Angeles. Mays, Cepeda y Felipe Alou encabezaron la mayor escuadra ofensiva de la liga y una pareja de lanzadores veteranos, Jack Sanford y Billy O´Dell, acumularon la mayor cantidad de triunfos de sus carreras (24 y 19) como parte de un cuerpo monticular balanceado que además tuvo 16 victorias con el veterano Billy Pierce y 18 de la naciente superestrella del montículo, el grandioso Juan Marichal.

Los Gigantes persiguieron a los Dodgers la mayor parte de la temporada hasta que una derrota de los Dodgers y una victoria de los Gigantes generó un empate y otra miniserie de desempate. Como en 1951, los Gigantes ganaron el primer juego y perdieron el segundo, luego se sobrepusieron a una desventaja en la novena entrada en el juego final, para ganar el pennant, también, al igual que en 1951, perdieron la Serie Mundial ante los Yankees, aunque esta vez se mantuvieron con vida hasta el último out del juego número 7 para luego perder la corona.

Los Gigantes de 1963 pusieron poca resistencia a los punteros después de junio. Pero las siguientes tres campañas estuvieron en peleas cerradas hasta el final. Aunque terminaron cuarto en 1964, se mantuvieron en la competencia cuando faltaban solo dos juegos, en una de las más cerradas peleas entre cuatro que se hayan visto. En 1965 sacaron ventaja a los Yankees a principios de septiembre, para luego perderla en la semana final. En 1966, una pelea entre tres que duró toda la campaña contra los Dodgers y Piratas, los Gigantes no fueron eliminados, sino hasta el último día.

La turbulencia de estas campañas se reflejó en el equipo mismo, Cepeda continuamente estallaba contra sus managers y su bajo salario hasta que fue cambiado a San Luis en 1966. Alvin Dark, luego de tres temporadas ganadoras como manager, fue despedido en 1964 cuando sus comentarios racistas terminaron en la prensa. Marichal fue multado y suspendido por nueve juegos en 1965 por golpear con su bate en la cabeza al receptor de los Dodgers John Roseboro.

Luego de un par de distantes segundos lugares, en 1969 los Gigantes (con el excelente trabajo de Marichal y McCovey, motorizado por el poder y la velocidad del joven jardinero Bobby Bonds) se encontraron en medio de una lucha entre cinco por el campeonato de la recién creada división Oeste de la LN. La lucha no se definió hasta la semana final, cuando una racha de 10 victorias de Atlanta sacó del primer lugar a los Gigantes. Dos años más tarde, con Bonds como eje principal de la casa de poder y el picheo de los abridores Marichal y Gaylord Perry, así como del relevista Jerry Johnson, los Gigantes pasaron al frente al principio de la campaña y se mantuvieron ahí hasta el final. Una mala racha en septiembre coincidió con un despertar de los Dodgers y la ventaja se redujo a un juego a mitad de mes, pero los Gigantes se mantuvieron firmes para ganar la corona de la División. En su primera SCL sucumbieron ante Pittsburgh con tres derrotas luego de ganar el juego de apertura.

UNA PUERTA SE CIERRA

La derrota en la SCL marcó el final de una era. McCovey había terminado sus mejores tiempos y Marichal disfrutó de su última gran campaña. Mays, después de 20 campañas con los Gigantes, fue vendido a los Mets en 1972 de manera que pudo terminar su carrera donde la comenzó, New York. Aquel año los Gigantes sufrieron su primera campaña perdedora en San Francisco y la asistencia, por primera vez cayó por debajo de lo que había sido en sus últimos días en New York.

La asistencia había llegado a un punto tan bajo a mediados de los setentas, que Stoneham negoció la venta del club a una cervecería canadiense que planeaba mudar el equipo a Toronto. Pero el Alcalde de San Francisco George Moscone retrasó la venta hasta que se encontrara un comprador que mantuviera a los Gigantes en la ciudad. El agente inmobiliario de San Francisco Robert Lurie decidió aportar la mitad del precio de compra y el ganadero de Arizona Arthur ¨Bud¨ Herseth aportó el resto. Toronto consiguió un equipo de expansión, Los Azulejos.

Después de seis años fuera de la pelea, en 1978, los gigantes se mantuvieron jugando al frente del Oeste de la LN durante la mayor parte del verano para luego caer al tercero (la asistencia al estadio se disparó más de un millón sobre la del año previo). Luego cayeron por debajo de .500 los dos años siguientes, con siete temporadas perdedoras de las nueve que siguieron a su título de división de 1971.

En 1982, los Gigantes, guiados por el poderío de Jack Clark y el efectivo relevo del lanzador Greg Minton, realizaron uno de sus más impresionantes regresos desde el establecimiento del sistema de divisiones: avanzando desde 10 juegos detrás a finales de Junio hasta solo dos juegos del campeón, Atlanta, al final de la temporada. Pero cayeron al quinto lugar el año siguiente y a un último sexto lugar en 1984 y 1985.

Cuando Roger Craig fue llamado a dirigir el equipo en las semanas finales de la campaña de 1985, nada podía parar la caída en picada de los Gigantes hacia un mal récord del club, 100 derrotas. Pero el año siguiente, motivando una actitud de ¨Sí Puedo¨ entre sus jugadores, Craig cambió la fortuna del equipo. El veterano lanzador Mike Krukow ganó la cifra tope de su carrera, 20 juegos, ocho jugadores registraron más de 40 impulsadas y el equipo logró 26 de sus 83 victorias en la última entrada. Estando en el primer lugar a mitad de temporada, los Gigantes tropezaron (en parte debido a lesiones) para caer al tercero al final de la temporada, pero los fanáticos habían regresado, más de 700 mil por encima de la campaña anterior.

El club implantó una nueva marca de asistencia de más de 1.9 millones en 1987 al tiempo que recuperaba la cima del Oeste de la LN por primera vez en 16 años. El segundo año primera base Will Clark encabezó una ofensiva balanceada y varias adquisiciones de la Gerencia a mitad de campaña motorizaron un despegue en la segunda mitad desde un déficit de cinco juegos hasta una ventaja de seis al final. Pero luego de tomar una ventaja de 3-2 sobre San Luis en la SCL, los Gigantes no pudieron anotar en los dos juegos finales y los Cardenales capturaron el banderín.

Las lesiones contribuyeron a la decadencia de los Gigantes hasta un cuarto lugar el año siguiente, pero en 1989, Will Clark disfrutó su más sólida campaña hasta entonces y el jardinero izquierdo Kevin Mitchell explotó con un poder que encabezó la liga (47 HR, 125 CE, .635 bateo con hombres en base) para guiar otro asalto exitoso de los Gigantes al título de división. Por primera ocasión, los Gigantes sobrepasaron la marca de los 2 millones en asistencia. Luego de retener el primer lugar desde mediados de junio hasta el final, avanzaron sobre los tenaces Cachorros en la SCL hacia su primer pennant en 27 años, su número 19 en la historia. Pero el terremoto que retrasó el juego 3 de la Serie Mundial, solo logró posponer una barrida a manos de los poderosos Atléticos.

La caída en picada de los Gigantes en los siguientes tres años (tercer lugar en 1990, cuarto en 1991 y quinto en 1992) coincidió con varios esfuerzos de persuadir a los habitantes del área de la bahía para que aprobaran el financiamiento público de un nuevo estadio que reemplazaría al impopular Candlestick Park. En agosto de 1992, el propietario de los Gigantes Bob Lurie arregló la venta del club a un grupo de inversionistas que planeaban mudarlo a San Petersburg, Florida. No obstante, en noviembre, la venta y la mudanza fueron bloqueadas por los demás propietarios de las ligas mayores.

La firma del agente libre Barry Bonds encendió un regreso de los Gigantes en 1993. Al tiempo que Bonds lograba otra campaña a lo Ruth y Matt Williams, saltó de su peor a su mejor campaña, los lanzadores abridores John Burkett y Bill Swift se convirtieron en ganadores de 20 juegos y el cerrador Rod Beck salvó la segunda mejor cifra (48 partidos) en la historia de la LN. Los Gigantes perdieron su cómoda ventaja sobre los ascendentes Bravos en Septiembre, pero revivieron para empatar con los Bravos con tres juegos por jugar. Aunque una derrota en el juego final les costó el título de división, sus 103 victorias empataron la tercera mejor cifra de la historia del club.

En agosto 11 de 1994, los Gigantes estaban 5 juegos por debajo de .500 pero a solo 3.5 del primer lugar en la débil división Oeste de la LN. Barry Bonds estaba disfrutando otra excelente temporada con el bate, pero Matt Williams se robó los titulares: sus 43 vuelacercas amenazaban la marca de 61 en una temporada de Roger Maris. Cuando los jugadores se fueron a huelga al día siguiente, una de las campañas más ofensivas de la historia se fue al zafacón.

En 1995, los Gigantes de Dusty Baker cayeron al último puesto (67-77) a pesar de los 33 vuelacercas y 104 CE de Barry Bonds. Los Gigantes(68-94) permanecieron en el sótano de la LN en 1996 y Bonds (.308, 42 H4, 129CE) compiló otra vez números de superestrella.