La perversión de las prácticas


La perversión de las prácticas





Los pueblos tienen una elevada capacidad de aprendizaje. Avanzan a trancos y se nutren de la experiencia, la más severa de las maestras.

Ese aprendizaje es, por lo general, el resultado del dolor y la agonía de tener que elaborar, minuto a minuto, respuestas complejas a problemas muy difíciles y de cuya resolución depende la propia subsistencia.

De ordinario, este proceso se expresa en un dilema, aprender o morir, y denuncia un déficit crónico del papel de gestor público que se le atribuye al Estado en relación con la organización y la distribución de los servicios y bienes indispensables para la vida.

El encendido de velas y velones en calles y callejones de pueblos y de ciudades era, hasta principios de los años 80, una expresión de rebeldia, una convocatoria a la protesta cívica y un estímulo a la participación popular en los asuntos públicos, sobre todo allí donde el Estado aparecía disminuido o ajeno a su función equilibradora.

Se percibía en esa práctica un propósito noble: hacer oir, a la luz de la flama, el silencio de la ira reprimida.

Causa, pues, estupor enterarse de la radical inversión experimentada por esa forma de protesta social, ahora destinada a conseguir la excarcelación de un hombre acusado de narcotráfico y al que los manifestantes de Elías Piña no vacilan en identificar, desafiantemente, como su “benefactor”.

Quiérase o no, esa es una muestra más de perversión de las prácticas. El hecho pone en evidencia, además, la escasa eficacia de los programas oficiales para resolver los problemas que acogotan a amplias capas de la población, lo cual permite el surgimiento de extrañas y peligrosas formas de beneficencia pública en provecho de condenables intereses privados.

II

A propósito de la persecución del narcotráfico, el presidente Fernández ha dicho que no habrá vacas sagradas.

Esperamos que así sea.

Y en una sorpresiva intervención radiofónica, el ex presidente Mejía ha anunciado que en los próximos días hará importantes revelaciones en relación con el narcotráfico.

Nada nos parece más importante que colaborar para que todo ese preocupante asunto quede aclarado y sus responsables sean debidamente sancionados conforme con el debido proceso de ley.

Y la mejor forma de hacerlo es promoviendo una justicia independiente y vigorosa. Cualquier nuevo desvío sólo contribuiría a profundizar aún más la perversión de las prácticas.

En lenguaje de pueblo, cuando las opciones están claras, se dice: “No hay de otra”. Sobran, entonces, las baladronadas.