Mejoría de imagen de la RD


Mejoría de imagen de la RD





No sé si se trata de un plan oficialmente estructurado o si constituyen acciones espontáneas las difusiones hacia el exterior de informaciones positivas sobre la República Dominicana, en las que el gobierno y sus logros económicos de los primeros cien días son el centro.
De todos modos, es positivo cualquier ejercicio que ayude al país a limpiar su imagen ante los mercados y los inversores internacionales, pues la atracción de capitales es una gran necesidad para sustentar la estabilidad macroeconómica.

A veces de manera tangencial y otras veces en forma directa, diarios como The New York Times, The Boston Globe y entidades como Bear Stearn y Goldman Sachs se han referido al influjo de confianza que ha generado el gobierno de Leonel Fernández, con evidentes resultados en la reducción del tipo de cambio y de la inflación.

Recientemente, el mismo gobierno auspició una presentación a los tenedores de bonos del país en los mercados del exterior sobre el devenir de la economía en el corto plazo. El mensaje que se transmite es muy optimista respecto al futuro inmediato.

La visita del presidente Fernández a New York parece un eslabón de lo que sería un plan de limpieza de imagen. En ese sentido resalta su mensaje sobre el control de la violencia delincuencial, un aspecto que preocupa a los inversionistas.

El gobierno deberá en un momento –no muy lejano, desde nuestro punto de vista- hacer una nueva emisión de bonos soberanos. Para la aceptación de estos instrumentos de deuda a tasas de interés competitivas, el emisor debe tener buena imagen.

Ahora bien, esto no se logra sólo con palabras ni con mensajes bonitos y verbalmente enérgicos. El gobierno tiene que propiciar –como dicen los expertos en comunicación estratégica- actividades generadoras de información positiva, para que otros hablen por nosotros sobre bases concretas, más allá de las buenas intenciones.

Llevar a los corruptos públicos y privados a la justicia, sin dejar caso alguno en el limbo, sería un buen comienzo, pues se demostraría que el cohecho no tiene lugar en un país que busca fortalecer sus instituciones. Resistirse a mancillar el estado de derecho, aunque el FMI aconseje violar leyes para cumplir con el programa económico que exige, sería una demostración de que se respetan las reglas del juego. Para los inversionistas esto es básico.