El reloj biológico


El reloj biológico





Con el primer segundo de vida empezamos a transitar el camino hacia un destino ineludible. Cuando nacemos –o quizás antes- se pone en funcionamiento nuestro reloj biológico y no se detendrá hasta el último aliento de nuestra efímera vida.

El reloj biológico puede regular no solo el momento de nuestro nacimiento y nuestro deceso, también puede cronométricamente el instante que nuestro cuerpo requiere de descanso y cuando el sueño reparador ha sido suficiente.

El trasladarse de un hemisferio a otro con horarios que difieren en 12 o más horas el organismo tarda de una a dos semanas a acostumbre a descansar, levantarse e ingerir las comidas acostumbradas de desayuno, almuerzo, merienda y cena en distintos horarios –esto lo saben muy bien los tenistas profesionales que compiten en distintos puntos del planeta cada 20 o 30 días-.

Muchos le llaman al reloj programado en nuestro organismo como “costumbre o hábito” pero es simplemente un mecanismo inconsciente que tiene autonomía y que modificarlo o adaptarlo puede llevar en cada persona distintos períodos de tiempo.